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  • Elisa Brea

¿Por qué no lee y escribe mi hijo?

Es probable que las dificultades de lectoescritura de tu hijo se deban a su lateralidad. Es decir, a la preferencia lateral que tiene cada presenta.


El concepto de “lectoescritura” engloba dos herramientas imprescindibles para la continua adquisición de contenidos que el sistema educativo promueve: el proceso de leer (decodificar símbolos y comprender el mensaje que expresan) y el proceso de escribir (traducir información a símbolos universales) (López, Ramos y Mancilla, 2009). Decir que en la lectoescritura tan solo intervienen las manos y los ojos es simplificar una acción altamente elaborada, ya que, para que este proceso pueda darse de manera apropiada, intervienen las funciones visuales, auditivas, las destrezas de psicomotricidad, la habilidad de orientarse en el espacio, entre otros. (Ferré y Aribau, 2002).


Uno de los pilares para la adquisición de la lectoescritura es la lateralidad. Tal y como expresan Ferré et al. (2016), la lateralidad es la respuesta de la repartición organizadas de las funciones que son establecidas en cada uno de los hemisferios del cerebro, ya que el mismo requiere de estar ordenado jerárquicamente para lograr procesar toda la información que recibe.


La lateralidad más conocida es la preferencia de utilizar una mano sobre la otra; sea esta la zurda o la diestra. Sin embargo, las formas de expresión de la preferencia lateral no se limitan únicamente a la lateralidad manual, sino que existen diferentes formas de expresión de la preferencia lateral.


Está la lateralidad podal, aquella que se evidencia al utilizar un pie en predilección del pie contrario; la auditiva, que es la predilección de emplear un oído por encima del otro; y la visual, siendo la preferencia notoria de usar un ojo en lugar del otro.


Aunque estamos más familiarizados con la lateralidad diestra y zurda, tomando en consideración en cuál lado del cuerpo se presentan cada una de estas preferencias, se puede hablar de distintos tipos de lateralidad: lateralidad homogénea, cuando la preferencia corporal coincide de un mismo lado del cuerpo y lateralidad heterogénea, cuando las preferencias se encuentran distribuidas entre ambos lados del cuerpo.


Por lo tanto, existen cinco tipos de lateralidad. Se puede ser: diestro, que es cuando existe una preferencia en usar el lado derecho del cuerpo; zurdo, cuando existe una preferencia en usar el lado izquierdo del cuerpo; zurdo contrario, cuando biológicamente se es zurdo, sin embargo, se entrena a hacer uso del lado derecho; ambidiestro, personas que, al realizar una tarea, emplean indistintamente ambos lados del cuerpo; o de lateralidad cruzada, que se presenta cuando los índices preferentes no se encuentran localizados del mismo lado del cuerpo.


Las contribuciones de la neuropsicología han demostrado que una adecuada definición de la lateralidad contribuye favorablemente al aprovechamiento de elementos como la coordinación motora, la habilidad de orientación, la percepción espaciotemporal y el dominio del esquema corporal (Bernabéu, 2016). Estos, a su vez, están involucrados en el dominio de las habilidades necesarias para la adquisición de la lectura y la escritura.


Un gran número de investigaciones han demostrado que, aquellos estudiantes que exhiben una lateralidad homogénea, poseen mayores habilidades en el aprendizaje de la lectoescritura y el cálculo (De Jong, Van der Graaf y Paans, 2001; Simon, Mangin, Cohen, Le Bihan y Dehaene, 2002). Al observar que existe una relación entre los alumnos que tienen dificultades de aprendizaje y la existencia de una lateralidad cruzada (Ortigosa, 2004), algunos autores afirman que el establecimiento previo de una lateralidad correcta es de suma importancia para el aprendizaje de la lectura (Ferré et al., 2006).


En niños que manifiestan una lateralidad cruzada, se observan síntomas tales como omisiones, sustituciones, inversiones y efecto espejo, los cuales podrían ser asociados a la dislexia. (2006) También se pueden observar complicaciones relacionadas con la orientación espacial, interpretación global e interpretación específica, destrezas básicas para una buena comprensión lectora (Mayolas et al., 2010; Carballar, Martín y Gámez, 2017; Ferré et al., 2006).


Los hemisferios cerebrales deben trabajar en conjunto y de manera organizada para garantizar un funcionamiento óptimo, pues cada uno es responsable de dirigir actividades específicas y procesar la información de manera distinta (Ortigosa, 2004; Ferré et al., 2016; Portellano, 2005). Carecer de una adecuada lateralización interhemisférica ocasionará que la información recogida a través de los sentidos llegue alterada al cerebro, ocasionando que la respuesta de salida carezca de coherencia.


Leer y escribir activa áreas específicas en el cerebro, las cuales deben trabajar de manera coordinada y sincronizada, por lo que es de suma importancia conocer el estado de la lateralidad de los estudiantes que presenten aprietos en la adquisición de aprendizajes, especialmente los relacionados con la lectoescritura (Ferré, 2006; Mayolas et. al., 2010; Carballar, Martín y Gómez, 2017).


Bibliografía:


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